El amor es una amistad que crece e inspira seguridad, respeto, ilusión; el amor alimenta los sueños y produce esperanza. El amor no roba la ilusión, la fortalece. Aun si la relación termina, la amistad puede continuar, porque fue forjada con amor de verdad.
Renunciar a uno mismo para entregarse y amar, es requisito del casado y del soltero. Quien aprende a renunciar a su egoísmo, a su individualidad, jamás experimentará la soledad del egoísta. Quienes no aprenden la importancia de la renuncia siempre se sentirán solos, aunque se hayan casado.
Es cierto que todos y todas tenemos que hacer frente a los sentimientos egoístas que afloran, a esa soledad egocéntrica muchas veces disfrazada de lujuria. Los solteros y los casados debemos tener una vida realizada a pesar de los muchos deseos no realizados. Debemos aprender a morir a nosotros mismos con tal de dar vida al amor, ese amor que se entrega, que se da, con tal de sembrar realización en la persona amada. No hay felicidad sin renuncia y sacrificio. Por eso, Jesús no fue un solterón de 30 años. Era una persona llena, satisfecha, realizada, porque se dio todo él, por amor a la humanidad.
LA FELICIDAD NO ES UNA CONDICION. Por lo tanto, la felicidad no es condición del estado civil, es el fruto de la renuncia, de entregarnos a quienes hemos decidido amar. La espera paciente del disfrute físico con la otra persona, contribuye a transformar la potencia del sexo en amor. La inocencia y el deseo de lo bueno, desarrollan la capacidad de pagar el precio y hacer un sacrificio por este amor.
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