Director Regional Mundo Hispano.
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El amor es una amistad que crece e inspira seguridad, respeto, ilusión; el amor alimenta los sueños y produce esperanza. El amor no roba la ilusión, la fortalece. Aun si la relación termina, la amistad puede continuar, porque fue forjada con amor de verdad.
Renunciar a uno mismo para entregarse y amar, es requisito del casado y del soltero. Quien aprende a renunciar a su egoísmo, a su individualidad, jamás experimentará la soledad del egoísta. Quienes no aprenden la importancia de la renuncia siempre se sentirán solos, aunque se hayan casado.
Es cierto que todos y todas tenemos que hacer frente a los sentimientos egoístas que afloran, a esa soledad egocéntrica muchas veces disfrazada de lujuria. Los solteros y los casados debemos tener una vida realizada a pesar de los muchos deseos no realizados. Debemos aprender a morir a nosotros mismos con tal de dar vida al amor, ese amor que se entrega, que se da, con tal de sembrar realización en la persona amada. No hay felicidad sin renuncia y sacrificio. Por eso, Jesús no fue un solterón de 30 años. Era una persona llena, satisfecha, realizada, porque se dio todo él, por amor a la humanidad.
Por lo tanto, la felicidad no es condición del estado civil, es el fruto de la renuncia, de entregarnos a quienes hemos decidido amar. La espera paciente del disfrute físico con la otra persona, contribuye a transformar la potencia del sexo en amor. La inocencia y el deseo de lo bueno, desarrollan la capacidad de pagar el precio y hacer un sacrificio por este amor.
El amor se expresa cuando somos capaces de trascender el interés más allá del cuerpo hasta llegar al alma. Transformar la pasión en amor, es navegar en las aguas profundas del verdadero yo, de la belleza interior, es valorar y disfrutar. Es la capacidad de fortalecer la razón y la voluntad, hasta el punto de descubrir los secretos del alma. Es descubrir que sus ilusiones me emocionan y sus tristezas me duelen. Es dejar de lado el egoísmo de la autocomplacencia.
Cuando usted imprime pureza en la relación, hace que el atractivo crezca y lo dirija al matrimonio, y si la relación termina, se creció en el arte de amar. La humildad, la simpatía, el honor, la capacidad de ser uno mismo, nos conduce a planos inimaginables del verdadero amor, el que es libre, emocionante, el que inspira respeto y deseos de vivir. Si una pareja cede a sus deseos puramente físicos, se pierde el atractivo para ambos, es por esto que, en secreto él desea que ella se resista y ella desea que él no la presione.
¿Cuál es la desnudez que no avergüenza? La que implica estar cara a cara, sin máscaras ni engaños, sin intenciones ocultas. Esta desnudez que no avergüenza, es la que desarrolla la capacidad de mostrarnos tal cual somos y aun así, no avergonzarnos. Por lo que, asegurémonos de establecer relaciones que no avergüencen.
El amor no solo debe aprenderse; debe protegerse, requiere tiempo, debe cultivarse, crece con límites claros, y es producto de mostrarnos en actos que no avergüenzan. Una palmada, un por favor, un detente, pueden producir una gran diferencia en términos de realización futura.
El amor es una decisión que hay que proteger, es un arte que hay que cultivar. El amor será más profundo si prevalece el respeto. El amor es la decisión de honrar, proteger, embellecer y cuidar a la persona amada. El amor no hace nada indebido, no busca lo propio, esta forma de amar nunca deja de ser.
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